Baraja española: qué significa cada palo
Lo escribe Nerea Abascal · · La baraja
Antes de leer ninguna carta, miro los palos. Es lo primero que me enseñó Encarna, y es lo que más me ha servido. Si en una tirada salen tres espadas, ya sé que me vas a contar un disgusto antes de que abras la boca. Si salen tres oros, la conversación va a ser de cosas de comer.
La baraja española tiene cuatro palos: oros, copas, espadas y bastos. Cada uno habla de una parte de la vida. Pero lo bonito, y lo que casi nadie explica, es lo que pasa cuando se mezclan.
Oros: lo que se gana y lo que se cobra
Los oros son el dinero y el trabajo. El sueldo, el contrato, la deuda, el negocio. Lo que se puede contar con los dedos.
En un pueblo los oros salen mucho, porque en un pueblo se pregunta mucho por lo práctico. En la peluquería, los jueves, se hablaba del trabajo del marido tanto como de cualquier otra cosa. Y de la cosecha, que en La Mancha es dinero.
Un oro no es solo dinero que llega. También es dinero que se guarda, que se presta o que falta. El cuatro de oros es el colchón; el cinco, el mes que no acaba nunca. Los dos son oros.
Copas: la casa por dentro
Las copas son los afectos. La pareja, los hijos, la madre, las amigas de verdad. Lo que pasa dentro de casa cuando se cierra la puerta.
Las copas salen aunque me preguntes por el trabajo. Y tiene sentido: el trabajo se lleva a casa, y se nota en la mesa a la hora de cenar. Cuando alguien me pregunta por un ascenso y le sale el cuatro de copas, esa desgana, no le hablo del ascenso. Le pregunto cómo está.
Espadas: lo que corta
Las espadas son los problemas. Las peleas, los disgustos, los papeles que se complican, las palabras que hacen daño.
Mucha gente se asusta cuando ve espadas. No hace falta. Las espadas también son lo que corta, y a veces lo que más falta hace es cortar. El as de espadas es una decisión clara, de las que cuestan y alivian a la vez. Aquí no se asusta a nadie, y menos con una carta.
Bastos: lo que hay que empujar
Los bastos son el esfuerzo. Lo que no se mueve solo. Las oposiciones, el negocio que arranca, el cambio que da pereza, la mudanza.
Cuando salen bastos, las cartas te están diciendo que esto va de empujar, no de esperar. El caballo de bastos es de las que más me salen con la gente que estudia para una plaza: movimiento, empuje, llegar mejor de lo que tú crees.
Cuando se mezclan
Aquí es donde se lee de verdad. Un palo solo dice de qué va la cosa. Dos palos juntos dicen qué está pasando.
- Oros con espadas: problemas de dinero, o un dinero que trae problemas. Una herencia peleada, un contrato con letra pequeña, un socio que no cumple.
- Oros con copas: dinero y familia. Un negocio familiar, una ayuda de los padres, la casa que se compra entre dos. Suele ser buena mezcla, si nadie lleva la cuenta de lo que pone.
- Oros con bastos: el trabajo de verdad. El dinero que se gana a pulso, con horas. Una mezcla de oficio y de cansancio.
- Copas con espadas: un disgusto en casa. Una pelea, una pena, una conversación pendiente.
- Copas con bastos: ganas. Una relación que se mueve, un proyecto con ilusión, algo que se hace con cariño y con esfuerzo.
- Espadas con bastos: lucha. Competencia, codazos, una oposición con muchos aspirantes, un trabajo en el que hay que defenderse.
Cuando una tirada sale con los cuatro palos, uno de cada, la persona suele estar en un momento de mucho movimiento, con todo un poco revuelto. Ahí busco la carta que abre, la que enseña por dónde salir. Siempre hay una.
Un ejemplo
Pongamos que me preguntas si te metes a llevar un bar con tu cuñado, y salen el tres de oros, el cinco de bastos y el dos de copas.
Tres de oros: oficio, trabajo bien hecho. Sabes trabajar, eso no está en duda. Cinco de bastos: roces, mucha gente para lo mismo. Y dos de copas: un acuerdo entre dos.
No te diría ni que sí ni que no. Te diría que el trabajo lo sabes hacer, que va a haber roces y que todo depende de cómo os pongáis de acuerdo tu cuñado y tú. Que lo habléis claro antes de firmar nada. Y eso ya no es cosa de las cartas.
La baraja de cuarenta y ocho
Hay barajas españolas de cuarenta cartas, sin ochos ni nueves, que son las de jugar. Yo leo con la de cuarenta y ocho, la que me dejó Encarna en 1999, porque esos ochos y nueves dicen cosas que no quiero perderme. El nueve de espadas son las vueltas que das en la cama a las tres de la mañana, y eso se lo tengo que decir a mucha gente.
Si quieres ver qué dice cada carta de cada palo, las tengo todas escritas.
Lo que no hace un palo
Un palo no te dice qué va a pasar el martes. Ni te da números, ni te asegura nada. Te dice de qué va lo que te preocupa y por dónde se está moviendo. Lo demás lo pones tú, que eres la que tiene que tomar la decisión.
Y si algo es una tontería, también te lo digo. Que para eso me llamas.